
Te quedas con el calor de la gente,
las voces pequeñas y las grandes voces,
con el tiempo compartido,
el justo momento y la bienvenida,
con el mimo del gesto, algunas miradas
y todas las sonrisas.
Te quedas con las riendas,las vibrantes alas del corcely el camino inexplorado,con el vaivén de los pasos,la moquetade cuadros y la fiel imagen,con el libro en los brazos,el taburete vacío y la despedida.Te quedas invadida de impresiones,con la tierna manzana y hierba en el corazón,con silencios oportunos, el sonido palpitante del aire,
y los escalones altos, con las trémulas manos,
signos inesperados y la tímida luz de su voz.
Te quedas con la mesa negra de madera,
sus marcadas copas llenas, esos fuertes
labios rojos en la noche, repuestas
sin medida y sin salida, y esa íntima
conciencia del temblar.
Te quedas..., te quedas con el poema.
Pero no le digas a nadie que la viste volar.
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