miércoles, 25 de noviembre de 2009

RECOJO MI AMOR

Recojo mi amor,
el contorno de mi corazón
no encaja en el mapa
de la realidad.
La verdad no siempre
es ése plato esperado,
de sabor exquisito.

Recojo mi amor
como el pescador recoge
sus redes…, despacio.
Aún cuando en su interior,
nada hay que sustente
el tiempo de la pérdida.

Recojo mis hebras de amor
para liberar mi espíritu...,
llorar la huída.

jueves, 19 de noviembre de 2009

JAMÁS

Jamás he visto brillar el sol
como la noche brilla en tus ojos.

La oscuridad es una fiesta de sombras
y silencio en tus labios.

A cada paso suena un compás de corazones,
en cada latido tiembla la madrugada.

Nocturno el viento, nos atrae, nos ciega,
nos recorta el alma.

Que me aleje de ti, dices, y las ruedas
de la noche unen distancias.

Me sobra el mar y líneas en las manos.

martes, 17 de noviembre de 2009

LOS HOMBRES QUE ME AMARON

El Paul Newman de los niños. Sus manos eran mías cuando recorríamos las calles
que nos separaban de los futbolines y donde el señor Andrés vendía el vino que calentaba los ánimos y la sangre de nuestros padres, los mismos que casi siempre acababan pegados a nuestra piel. Sólo el silencio hablaba de ello por nosotros. Nacho secaba las lágrimas de mis ojos y yo le ofrecía un esbozo de sonrisa para borrar las suyas, después, subidos a un almendro..., moría la tarde.
Su lejano recuerdo viene hacia mí en los días solitarios y me devuelve su mirada inquieta
y el platónico sentir de la infancia. La distancia creció con nosotros, aunque yo a su lado hubiera sido la mujer más feliz del mundo.

Un Nicolás Cage adolescente, me robó mi primer beso y se esfumó, pero mis labios conservaron su recuerdo. Después de un tiempo consiguió mi corazón, pero deseaba más de lo que podía entregarle una núbil quinceañera. Quiso poseer mis ojos, mi pensamiento, mi voz, mi cuerpo .
Sí, todo lo quiso controlar… menos sus celos. Y le hubiera entregado voluntariamente el alma, pero su falsedad, sus amenazas, sus persecuciones no me emocionaron, aún así, olvidarle casi me mata, porque yo a su lado hubiera sido la mujer más feliz del mundo.

Con Pierce fui la mujer más feliz del mundo, pero no hablaré de él, porque en éste poema sólo se habla de los hombres que me amaron.

Y tú… rebelde con causa…, tú eres mi último suicidio en el aire, porque ya no quiero ser la mujer más feliz del mundo. Sólo… la mujer que ames.

domingo, 1 de noviembre de 2009

HIJA DEL MIEDO

Recoger las lágrimas de sus rodillas,
jugar con ellas hasta perderse en el mar
de sus manos. Sus hermanos, ajenos al momento,
juegan a juegos inventados, pero ella.., no.
-¡Vámonos antes que vuelva!-le decía a su madre,
pero nunca la soledad
estuvo tan fielmente acompañada
ni el mundo tan necio y tan ciego…
como su mundo.

Permiso para reír…permiso para llorar,
para hablar… permiso denegado.
Para gritar sobra valor… para huir
faltan medios…
y enteros.

-¿Por qué dejas que entre
en nuestra casa el miedo? -pregunta la niña.
-Porque me casé con él –contesta su madre.
-Si te hubieras casado con otro
¿nos hubieras tenido a nosotros?
-pregunta su corazón de cuatro años.
-Supongo que no...- dice.

Permiso para reír… permiso para llorar,
para hablar… permiso denegado
Para gritar sobra valor… para huir
faltan medios…
y enteros.
Para morir
sobra el tiempo… si eres hija del miedo.


Para: la niña que fuí, si es que alguna vez... lo fui.

Este poema y el anterior, los recité anoche en La Bobeda del Albergue Municipal dentro de la lectura "Poesía de Miedo" que organiza la AAE (Asociación Aragonesa de Escritores) y dónde tuvo lugar la entrega por parte de La Casa del Poeta y Ediciones Olifante del consiguiente certificado a los premiados en el certamen IV Premios Poesía de Miedo.
Premio del Jurado: Manuel M. Forega
Premio del Público: José J. Alfaro Calvo, Miguel A. Marín Uriol, Dolan Mor y Marian Ramentól Serratosa.
Mi enhorabuena a todos los premiados.

HAY DÍAS, QUE NO QUIERES

Hay días y horas que no se pueden olvidar,
que no quieres.
Para ella, esa hora son las seis de la tarde.
A esa hora y desde hace un mes se para el mundo,
su mundo,
pero hoy, a esa hora, se introduce en el baño.
Esta vez,
por ser la última,
el ritual amenaza con ser especialmente duro.
Abre el armario y busca con desesperación la caja,
oculta entre otras cajas,
que contiene su ropa ensangrentada.
Sangre que se ha ido secando como su corazón y su vida,
que un día salió de su vientre.
Extiende su pantalón por última vez.
Por última vez, abrazada a su camisa,
besa el olor de su perfume...,
por última vez.
En una alucinación Dantesca,
imagina sus últimos minutos a solas,
mientras ella estaba… lejos de su alma.
Y aúlla de dolor en silencio,
aúlla como loba solitaria y herida, cada día, a las seis de la tarde.
Una hora que no puede olvidar,
que no quiere,
pero sabe que debe hacerlo.
Y corta en pedazos su ropa, aunque nada calma su llanto.
En un recipiente metálico
quema con alcohol la materia y sus entrañas arden
como su sangre...
Ella, ya no es ella.
El dolor la trasporta a un paisaje distinto al del espejo de baño,
que ya no refleja, sino otra realidad.
Todo muta: el suelo ya no es el suelo de baldosas sino la tierra más alta
de la más alta montaña.
Y el techo y su luz, no son otros
que los oscuros cielos y la luna con sus brillantes estrellas.
Y allí, ella y su dolor, muerden la noche…
Y, por última vez,
aúlla en silencio.
Aúlla como loba solitaria y herida.
Sólo ha sido un instante, pero le ha parecido una eternidad y llora,
que no quiere.
Ahora, su vientre ha dejado de arder
y todo se ha convertido en ceniza.
Ceniza que guarda hasta llegar a las rocas que detienen al mar.
Esa playa donde, ahora,
bailan con las aguas todas las cenizas de su hijo...
Desde entonces,
cada día, a las seis de la tarde,
un rumor de olas se agita en su vientre.
Y ya no llora,
que su hijo.., no quiere.