Buenos días mi amor. Veo, que tu buen humor te ha despertado, me encanta verte feliz y me desvivo para no hacer nada que pueda molestarte.
Sabes, que no me importa quedarme en casa cuando te vas de copas con tus amigos y, menos ahora, que he perdido mi empleo y vivimos de tu sueldo.
Sé muy bien, mi amor, que el trabajo destroza tus nervios, que necesitas salir de la rutina, evadirte unas horas.
Que encontrar la casa limpia y la comida en la mesa, te hace feliz, por eso, procuro esmerarme, para que puedas descansar cuando regresas.
Créeme cuando te digo que he conseguido soportar tus rechazos, desprecios, y ése vértigo emocional que nos afecta en los días menstruales.
De sobra sabes, mi amor, que follamos siempre que a ti te apetece, aunque sea a tu manera: a secas, sin besos, sin caricias, sin esas tonterías, que no tienen valor, dices.
También sabes que te he sido fiel, que nunca he mirado otros ojos como miro los tuyos, y he intentado gozar de este amor extraño, pero ya no quiero lanzarme a una piscina que no está vacía, sino llena de mierda.
Me niego a vomitar cada vez que te recuerde, por eso, me marcho. En la maleta más pequeña he puesto mi ropa y todo tu cariño.
Y ahora, mi amor, suelta el cuchillo, ponte el vestido,
y con la llave de tu vida…, cierra la puerta.